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De por qué Treme

Fuente: Poster de la 3º temporada de Treme, HBO. Extraído de IMP Awards.

“La imaginación es algo que en el arte usamos de manera desacomplejada para deshacer historias del pasado y para recrear posibles futuros”.

Remedios Zafra, Ojos y capital.

La imagen que da inicio a este texto es el cartel de una de las temporadas de la serie de ficción titulada Treme. Dicha imagen remarca sobre el oscuro tono del fondo la pregunta: “Is that all you got?”. Provocadores y desafiantes, doce pares de miradas interpelan no se sabe bien a quién o a qué, pero, sin duda, es el espectador el que a priori se siente observado. Casi como una respuesta se lee la cita, justo inmediata a la imagen, de Ojos y Capital. Usar la imaginación de manera desacomplejada para hacer y deshacer historias. ¿Qué se puede imaginar sobre estos rostros? ¿A quién desafían? ¿Qué buscan? ¿Qué historia cuentan?

“Laissez les bontemps rouler” o “Deja que los buenos tiempos rulen (sigan)” es un dicho de origen cajún del que se han apropiado los habitantes de ese rincón situado al sureste de los Estados Unidos, Nueva Orleans, de ascendencias indias, francesas y británicas y que es, ante todo, vida. De él quiso crear el conocido showrunner en el mundo audiovisual de las series de ficción, David Simon (The Wire, Homicide, The Corner) en colaboración con su amigo guionista Eric Overmyer (quien había pasado parte de su vida en Nueva Orleans), una narración visual que excedería los límites de los meros diálogos y las meras imágenes: Treme, donde la música, los ritmos, las calles, los colores, las sensaciones y la emoción, se aúnan en perfecta melodía; no por la exactitud con que suenan sus notas, sino por esa rara belleza que acompaña a las cosas dispares y aparentemente ajenas entre sí, pero de cuya conjunción a veces sencilla y a veces no, nacen las formas más espectaculares de vida.

“Treme” o Tremé (en inglés y francés respectivamente) es el nombre de un barrio trabajador de Nueva Orleans que da nombre a esta serie de ficción televisiva emitida a través del canal HBO en el año 2010. Al igual que The Wire, ha sido una de esas series que pasa desapercibida para grandes públicos por sus ritmos lentos, de esos en los que parece “no pasar nada”. Sin embargo, en apenas treinta y seis episodios – cifra escasa en comparación con otros éxitos actuales – esta narrativa audiovisual recorre las calles de Nueva Orleans tras el paso del huracán Katrina (2005), explorando a través de diferentes personajes las distintas estrategias de supervivencia tras el desastre que destrozó no solo a su ciudad, sino también a ellos mismos, en un marco donde el exilio, la corrupción y el crimen comparten escena con la celebración y la fiesta. Episodio a episodio se irá revelando cómo el Katrina cambió sus vidas y cómo, entre ruinas de lo que antaño fue y ya nunca será del mismo modo, las distintas identidades lucharán por re-componerse o componerse de una forma nueva, a través del único modo que conocen: a través de quienes sienten que son.

La cultura ocupa en Treme el lugar central porque es de ella de la que se sirven sus personajes para vivir el día a día; Nueva Orleans, o NOLA (como abrevian los mismos personajes) es su música y su comida, sus rituales, desfiles y tradiciones, es la camaradería en cualquier bar donde lo mismo toman una cerveza, comen un plato caliente de gambo o se dejan ir desde los pies a la cabeza por las vibraciones de trompetas, guitarras y saxofones. Treme es una muestra auditiva, visual y vivencial de una de las culturas más ricas de Estados Unidos. Y se invita al lector a enfrascarse en ella: “Treme song” de la mano de John Boutté.

Do you know what it means?” se titula el primer episodio de la serie. En gran parte ficción, pero en enorme medida documental, los personajes de Treme son unos cualquiera inspirados en la realidad de sus habitantes. No solo Eric Overmyer, co-creador junto a David Simon, conocía en profundidad la vida y la cultura de la ciudad, sino que previo al desarrollo de las tramas fueron entrevistados numerosos supervivientes y habitantes para hacer de sus propias narraciones una base sólida sobre la que alzar los esquemas ficcionales. Y de paso, la serie se convirtió en cierto modo en recuerdo, homenaje y representación visual de las memorias narradas de los mismos.

Que el ameno ritmo de los títulos de crédito no confunda al lector: el Katrina y las inundaciones son representadas como una de esas experiencias ante las que, a falta de una definición mejor, decimos de ellas que tienen la capacidad de marcar un antes y un después. Un antes perdido, un antes dañado. Una experiencia de pérdida física y humana, de vidas, pérdida física y espacial, de viviendas y lugares públicos destruidos, pérdida emocional y profunda, de referentes, de seguridad, de confianza en un sistema y en los demás. Una experiencia de daño, en tanto que podría haber sido evitada (mediante la inversión en mejores infraestructuras para la ciudad), elaborada poco a poco entre episodios, mostrando al espectador cómo tal acontecimiento marca irreversiblemente a unos personajes que podríamos, en cierta forma, ser cualquiera de nosotros. Un trauma que precisa de un proceso temporal, de duración variable en cada caso, por el cual aquellos sujetos que lo han experimentado intentan asimilar la sublimidad del hecho y, con o sin éxito, recuperar para sí mismos y para los demás la capacidad de seguir adelante a través del ejercicio de las únicas estrategias que conocen para ello: tocar, bailar, cantar, cocinar, reír, compartir…vivir y vivir-se a través de lo único que les queda: su cultura. Claro que no todo aquel que experimente una vivencia de este tipo puede o quiere elaborar su propia experiencia de daño, sin embargo, sí que es posible encontrar a cambio una sensación liberadora que deviene de articular y a lo acontecido. Al menos Treme es un ejemplo de esto último, tanto en el hecho de estar elaborada sobre la premisa de narraciones de habitantes de NOLA, como por representar a personajes que han experimentado el Katrina y tratan entonces de recomponer lo que quede de sus vidas, de sí mismos, en un nuevo puzzle que quizá ya no podrá ser igual a lo que era, pero que al menos, puede ser. En el capítulo Ojos y verdad (el valor de lo real en lo visto), Remedios Zafra comienza explicando la que es, su propia experiencia de la realidad:

«Hay días en los que siento que la realidad quiere matarme, ¡qué agotamiento! La transcendencia de los cuerpos, las enfermedades posibles, las de los otros, los viajes, el temor a que la realidad extreme la vulnerabilidad de la vida y sus fluidos, se me hace de una proporción incompatible con un rostro sereno. Son días en los que me obligo a incluir la ficción como parte de mi realidad material. La pantalla ayuda»

El temor a que la realidad extreme la vulnerabilidad de la vida, a que el miedo, dolor, el temor y la tristeza infinita ataquen a los sujetos vulnerables que hoy somos. «La ficción y la pantalla ayudan-dice-no como ejercicio de evasión sino como ejercicio de tolerancia y de supervivencia». Las series de ficción funcionan como pseudo-realidades en el imaginario, –sabes que no son reales pero en cierta forma, crees en ellas– ofreciendo nuevas posibilidades que ayuden a enfrentar, mediante el proceso de visualización desde una posición externa a la propia ficción, esto es, desde una mirada extradiegética, una experiencia traumática: «Creo que cada vez más nos pasa, que solo la consideración de un marco de representación que diluya los límites entre lo real y lo ficticio nos permite hoy una auténtica libertad en el mundo».

Permitir a la ficción introducirse en la realidad o tomar a la realidad como una ficción, es decir, crear una narrativa ficcional (audiovisual en este caso) sobre una experiencia real, o tomar dicha experiencia como algo que contiene cierto nivel de surrealismo, ayuda a entrar en ese espacio que ha marcado un antes y un después, liberándolo de cargas que de otro modo podrían quedar atrapadas, encasquilladas en lo más profundo del pecho, doliéndose y doliéndonos. Y ese introducirse es una acción consciente:

Para nosotros, que no escondemos que son parcialmente mentiras, no es sino una forma desacomplejada de valernos de la ficción para vivir mejor con lo que nos duele, con lo ausente o con lo no posible en el orden de la materialidad

Vivir mejor con lo que nos duele. El después del Katrina se siente diferente; un yo que se estaba ahogando, que ha visto a otros ahogarse, se encuentra en el centro más profundo del Misisipi. Nadar o no hasta la orilla depende de él y de los brazos que encuentre en el proceso para impulsarse. En Treme son presentadas diversas formas de afrontar la experiencia del huracán por los distintos personajes. Emociones y sensaciones variadas, de fracaso o agotamiento, de resignación o derrota, también de resistencia, de coraje e indignación, de rabia y demanda. De tristeza y amor. Contrarias, sí; tensionadas, también; pero siempre, siempre, complementarias.

Treme

Fuente: HBO

 

Acerca de Julia Zorrilla Ruiz (3 Artículos)
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