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“Refugees Welcome” (I):Trayecto, organización y coordinación.

In this image released by World Press Photo titled "Reporting Europe's Refugee Crisis" by photographer Sergey Ponomarev for The New York Times which won the first prize in the General News Stories category shows refugees arriving by boat near the village of Skala on Lesbos, Greece, 16 November 2015. (Sergey Ponomarev for The New York Times, World Press Photo via AP)

Verano de 2016, Pireo, puerto de Atenas. Aquí se congregan centenares de refugiados de procedencia generalmente afgana, iraní, kurda, iraquí y siria. En el camino que emprenden desde sus países de origen hasta sus destinos -países de centroeuropa, especialmente Alemania- transcurren meses o años. La ruta más común es a través de Turquía, donde a través de mafias -en la mayoría de los casos permanecen un tiempo en Turquía, trabajando para afrontar el coste, que oscila entre 1000 y 1500 euros- consiguen llegar a las islas griegas de Lesbos y Quíos, primer trozo de tierra europea. Desde allí son enviados por el estado griego a la Grecia peninsular.

Los barcos que llegaban el último verano -y aún lo hacen- al puerto de Atenas desde estas islas están abarrotados -la mayoría de ellos preparados para 10 personas y en los que viajan 60- de gente que encuentra a su llegada una enorme escasez de medios básicos e imprescindibles para la vida; en las primeras oleadas de la mal llamada “crisis de refugiados”, éstos son acogidos en el mismo puerto, donde se instalan acampadas -en principio temporales- sobre el asfalto. En este asentamiento provisional el número de personas que convive varía constantemente por dos motivos: por un lado no existe ningún registro de las personas que parten desde Turquía, por tanto la única forma de contabilizarlas es una vez llegan a Grecia; por otro los medios tanto organizativos como económicos destinados a estas personas son mínimos. Entre los meses de enero y julio en que se prolongó este asentamiento llegaron a vivir allí 5000 personas. Las autoridades griegas se encargan del alojamiento -tiendas de campaña- y de la comida, mientras que el agua y la electricidad no es accesible, al menos en medidas humanamente normales, para todos. Tampoco es fácil la coordinación y organización, teniendo en cuenta por ejemplo que los idiomas, dependiendo de la nacionalidad y las áreas de cada país, pueden ser árabe, kurdo o farsi. Cuando se comenzó a desalojar el puerto de Atenas, los que aún quedaban fueron realojados en los campos habilitados alrededor de la ciudad -en algunos casos no demasiado cerca de esta- según  su procedencia; también en las casas okupadas o squats –término inglés-.

Sobre el éxodo -independientemente ya del asentamiento en el Pireo- se han filmado varias producciones. Uno de los más rigurosos, desde nuestro prisma, es Nacido en Siria, aunque también otras como Astral y Contramarea merecen un vistazo. Todos ellos fueron publicados el pasado 2016, año en que en Occidente se incrementan de manera alarmante los discursos que proclaman como necesidad primaria el cierre de fronteras.

fuente-el-pais

Fuente: El País

Organizaciones y proyectos

De la organización y coordinación se encargan ONGs griegas o de otras nacionalidades. En el último mes de julio, antes y durante el completo desalojo del puerto, se conocieron varios voluntarios españoles independientes que colaboraban con las ONGs Earth y Holes in the borders. Conscientes de las necesidades que surgen constantemente en el día a día advirtieron que una de las más urgentes son los niños. Aunque visto desde una perspectiva más general pueda parecer insuficiente, los recursos, tanto económicos como humanos, de las organizaciones son limitados y es más útil centrar las soluciones hacia un sector concreto. En este punto se empieza a fraguar el proyecto ‘Cambiemos el juego’, moldeado en principio por tres de estos voluntarios españoles: Cristian Sánchez, Andrea Rueda y María Frades, de Badajoz y Córdoba.

En los campos, en general, las actividades de ocio son las más escasas, lo que tiene sentido en un contexto en que los recursos básicos como agua y electricidad no son accesibles para todos; estas últimas son necesidades que deben ser cubiertas y para ello reclamadas a los estados: al Estado griego y a los estados miembros de la UE, porque en definitiva son una de las bases en que se fundamenta el principio de vida digna. Pero si éstas son ya en muchos casos difíciles de conseguir, las actividades de ocio son ínfimas. Ignoradas estas, las posibilidades de adaptación, integración y desarrollo de adultos y niños se plantea ardua, pues su día a día se basa en la espera: sin trabajo, sin conocimiento del idioma -ni griego ni inglés en muchos de los casos-, sin actividades que realizar desde que se levantan con el sol de la mañana de la esterilla de la tienda de campaña hasta que vuelven a ella por la noche. En este entorno están los niños, también sin nada que hacer durante el día y sin escolarizar -porque tampoco hablan griego-. Es en ellos en quien se centra el proyecto ‘Cambiemos el juego’ porque son ellos quienes bajo ningún concepto deben ser privados de proyecciones de futuro. Ya han tenido una infancia marcada por la inestabilidad, el nomadismo, el cansancio y el terror que producen las guerras de las que vienen huyendo; son ellos quien merecen volver a sentirse los niños que son.

En los campos y squats, también por parte de los voluntarios, se organizan cursos de idiomas-sobre todo inglés y alemán-, pintura, manualidades, sexualidad, acupuntura, etc. El principal problema aquí proviene de nuevo de la falta de ayudas económicas y de personal, lo que deriva, también de nuevo en la falta de organización. Es prácticamente imposible que las pocas personas que permanecen allí durante un período de tiempo prolongado se encarguen de todo, por eso, una de las labores que deben realizar estos voluntarios permanentes es la de coordinar a los voluntarios temporales; pero también encargarse de la entrega de la comida, recogida de residuos, almacenar y repartir las donaciones recibidas y cualquier otro imprevisto que pueda surgir a lo largo del día. A veces los voluntarios temporales se encuentran totalmente desorientados ante esta maraña de tareas que hacer y caos organizativo, y la ayuda potencial que en un principio estaban dispuestos a ofrecer se ve mermada por la dificultad de ver resultados inmediatos.

En estas ocasiones, lo fundamental es la acción y, en cualquier caso, la organización a partir de la propia iniciativa : crear, independiente o con ayuda de otros colectivos, un proyecto a partir de un análisis básico de al menos algunas de las necesidades básicas que existen en cada uno de los lugares en que viven personas y que son esenciales para dignificar sus vidas.

 

Acerca de Javi Blanco (2 Artículos)
Musicólogo divergente.

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