Noticias

El cine de la transparencia

Fuente: Propia, autor: Romualdo Abellán. Fuente: Propia, autor: Romualdo Abellán.

Byung-Chul Han publica en 2012 La sociedad de la transparencia. Breve y claro —en absoluto simple—, Han realiza un elaborado diagnóstico del actual Occidente. Propone conceptos para comprender las patologías colectivas e individuales que estamos viviendo en el convulso siglo XXI. La Filosofía más esforzada, al menos como yo la entiendo, es la que invita a captar con una óptica más nítida los escurridizos problemas de nuestra realidad. En las próximas líneas, voy a manejar algunos conceptos de esta obra aplicados a la industria cinematográfica.

Han confiesa que «en la sociedad positiva, en que las cosas, convertidas ahora en mercancía, han de exponerse para ser, desaparece su valor cultural a favor de su valor de exposición». Esta cita sintetiza el cine comercial de nuestro tiempo. La industria del cine reduce la obra cinematográfica a simple mercancía. Como apunta Han, su propia mercantilización fulmina cualquier valor cultural inteligente o profundo. El cine reduce sus posibilidades a un artículo de souvenir. Un cine colonizado por la industria se convierte en la heroína del celuloide o en la cocaína de lo digital. Pasma como una droga, atonta, intoxica en su consumo compulsivo. Han considera que las cosas en nuestro tiempo sólo tienen valor cuando son vistas. Este verse tiene un sentido plenamente filosófico: el verse como desnudarse y exhibirse. Es un despojarse de toda dimensión de misterio o de aquello que mora en la ocultación de las cosas que nos rodean y con las que nos relacionamos. Precisamente, el cine más anodino es aquel que solo exhibe que solo muestra. Es lo que Han señala como producción de atención: mírame, soy espectáculo. No pienses, solo mírame.

Fuente: Raúl Andrés Cuello. culturamas.es

Fuente: Byung Chul Han, Culturamas. Autor: Desconocido.

Un mirar sin traspasamiento, sin pensar algo más allá de la cosa que se muestra, es pornografía. El cine comercial es pornográfico. Nos enreda en su desnudez total, en su ausencia de misterio. Todo está despedazado en el mostrador, dispuesto a ser comprado, digerido y rápidamente convertido en detritus. Gran parte del cine comercial —no todo— prescribe el mostrarlo todo, el descubrirse, despojarse, desvestirse. Han cita Las estrategias fatales (2000) de Baudrillard para apoyar su tesis. El autor francés se refiere a esta pornografía de lo que se exhibe como algo que «está entregado, desnudo, sin secreto, a la devoración inmediata», a lo que Han redondea: «la economía capitalista lo somete todo a la coacción de la exposición». Devoración, ansia, pulsión por engullir el fast food audiovisual: cine grasiento de tontería efectista. El contar historias o el sugerir a través de la imagen se ha desplazado por un enseñar crudamente las mercancías. Es la era del cine como charcutería.

Obviamente, la prioridad de la industria cinematográfica es el rendimiento a través de la exhibición. Aunque a veces aparezca alguna rara avis, la industria reglamenta las producciones precisamente como eso mismo: objetos de producción industrial. Es chatarra sujeta a la rentabilidad. La película es un cómputo: tanto capital invierten los inversores, tanto han de lucrarse con la recaudación. Lo que no alcanza el estatuto de blockbuster y recupera la suma invertida, queda rápidamente marginado y olvidado. La lógica del capitalismo es la religión de Hollywood. Nada de hipócrita tienen los estudios cuando a sí mismos se hacen llamar “industria del espectáculo”. Industria que como tal, serializa, copia y repite a escala masiva, desembarazándose de cualquier interés en la belleza o la dignidad de lo artístico. Si volvemos a las reflexiones de Marx y la deshumanizadora industrialización de su tiempo, es esta una industria que aliena, paraliza la creatividad humana y reduce el sujeto a mercancía. El cine como rendimiento económico es un cine baldío.

La omnívora bestia del capitalismo no permite resquicios para el desciframiento, el desencubrimiento y la exploración de esos misterios insondables que para Han son necesarios en la vida. Sin nada oculto que explorar, sin el erotismo y la travesía del desentrañar lo que aparece como velado, el espectador se acostumbra a que la carne se exhiba con todas sus laceraciones y grotesquerías, como los cenobitas de Hellraiser. Cuando la carne cruda somete con su fatal atracción a la mirada ya pornografizada, el espectador queda preso de una hipnosis circense. Tamaña dictadura es respaldada por la infinita generación de imágenes y sonidos que no admiten penetrar más allá de lo que ya se exhibe en su total desnudez. La imagen lo totaliza todo desde sí misma. Tras ella no hay trascendencia posible. El cine se despliega como un spot de horas de duración. La agitada voz de Slavoj Žižek cierra esta macabra pintura: this is pure ideology. La saturación de lo pornográfico conduce a lo que Han expone como la sociedad de la aceleración. Dice que «es obscena la hiperaceleración, que ya no es realmente motora y no lleva a cabo nada». Cuando Han apunta esto, parece referirse a la aceleración por la aceleración. Una aceleración cuantitativa no significa en ningún momento asimilación de lo cualitativo. La cantidad acelerada y multiplicada deviene ruido. El ruido aniquila cualquier placer estético profundo y esmerado. Una consideración del cine cuantitativoacelerado, es una idea del cine a granel, descargado por el conteiner de la estetización capitalista. Nos topamos ante un cine donde inconscientemente ya decimos que se consume, no que se experimenta.

Nuestro filósofo acierta al defender que «la comunicación visual se realiza hoy como contagio, desahogo o reflejo. Le falta toda reflexión estética. Su estetización es, en definitiva, anestésica». Si leemos desde aquí el cine comercial, el resultado es que la estetización del cine roe el pensamiento como esos putrescentes zombis que deambulan en un centro comercial, rodeados de mercancía y luces de establecimiento (Dawn of the Dead, 1978). El zombi gimiente y satírico que propone George A. Romero sigue siendo el espectador-consumidor compulsivo por antonomasia. Ahora, es devorado por un cine que aletarga y que pudre. Reduce a carne insaciable.

MV5BMWQ2ZjE2YzAtOGNlZS00N2RlLTg0MWYtNWYzMzBkZjVlZTBhXkEyXkFqcGdeQXVyNTAyNDQ2NjI@._V1_

Fuente: Cuerpos en descomposición, deambulando en un enorme centro comercial. Hormigón y mercancías, composición predilecta para el capitalismo consumista. Imagen: imdb.

Por descontado, sabemos que hay fascinantes propuestas donde se presenta un cine otro, agudo, que zarandea y entretiene a partes iguales. Un cine que no dicta lo que tienes que interpretar, sino que invita a darle rienda suelta al movedizo pensamiento a través de su particular lenguaje. ¿Dónde está este cine?, es la gran pregunta. Lo encontramos tímidamente limitado en sus países de origen, peleándose con la lógica del mercado. Sin una hambrienta mordida de marketing y distribución, queda relegado a sus propias fronteras nacionales o algún festival alternativo. Este cine no puede competir con el cine industrial —tampoco creo que fuese positivo hacerlo—, pues tiene que enfrentarse a su monopolio, donde se ve incapacitado.

Como apunta James Redfield (La Ilíada, naturaleza y cultura, 1992) el precio de un Arte así, esmerado e inteligente, que habla de todos nosotros, es un precio que todas las culturas, en todo lugar, han decidido que merece la pena pagarse. Nuestra pugna sería apostar por este tipo de Cine o Arte enriquecedor, que nos deleita estéticamente, que por supuesto puede entretenernos, pero que también nos catapulta a dimensiones del pensamiento y de las emociones humanas que están ocultas, que no son transparentes. Pensemos en un Cine que no se exhibe, sino que se deja desvelar y explorar en sus insondables abismos. La consigna sería: paguemos por ello, sí, pero no paguemos por cualquier porquería.

Acerca de Romualdo Abellán (3 Artículos)
Cualquier intento de coqueteo con el Absoluto conduce hacia la sepultura en vida. ¿El reto? Intentar llevar una vida un poco mejor en un transitar mundo que nos es tan azarosamente extraño.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: