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Entrevista a Guillermo Fernández

Guillermo Fernández Vázquez, foto cedida por el autor.

Guillermo Fernández Vázquez (Madrid, 1985), es licenciado en Filosofía y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid, donde actualmente realiza su tesis doctoral, sobre la construcción de identidades políticas dentro de Podemos y el Frente Nacional Francés. Así mismo, participa también en medios como Ctxt. Actualmente se encuentra en París siguiendo la campaña electoral del país vecino. Conversamos con él brevemente, al calor de lo que ocurre allí, para acercarnos a la coyuntura que vive Francia.

En primer lugar, nos gustaría preguntarte por la situación actual en Francia ¿Qué está pasando? ¿Cómo es posible que ninguno de los dos partidos tradicionales haya pasado a segunda vuelta?

Ese ha sido el fenómeno que más ha llamado la atención del resultado de esta primera vuelta: la ausencia de candidatos socialistas y conservadores para disputar la presidencia de la República. Es un hecho insólito en el sistema de la V República francesa, o sea desde 1959.

Por un lado tiene que ver con que los demás candidatos han sabido conectar con el deseo de cambio de una parte importante de la sociedad francesa. Esto lo han hecho especialmente bien Emmanuel Macron y Marine Le Pen, pero también Jean-Luc Mélenchon en el último mes de campaña. Lo curioso es que en todos los mítines a los que he ido de estos tres candidatos, los asistentes con los que hablaba me comentaban que estaban allí porque era necesario “un cambio en Francia” y porque había que “renovar ya la política francesa”.

Además de los aciertos de sus contrincantes, tanto el Partido Socialista (a partir de ahora, PS) como Los Republicanos (a partir de ahora, LR) han experimentado estos meses una falta de cohesión interna en sus partidos. Ni los primeros han apoyado con todas sus fuerzas al candidato Benoît Hamon, ni los segundos han apoyado firmemente a François Fillon. En el primer caso tiene que ver con las profundas divisiones ideológicas que existen en el PS francés, que han hecho que estos cinco años de mandato para François Hollande fueran una verdadera pesadilla desde el punto de vista interno. Respecto a LR, los casos de corrupción de François Fillon y su familia han afectado mucho al respaldo que el partido le ha dado. Varias figuras importantes de la formación pidieron su dimisión y otras muchas no se han querido “manchar” apoyando públicamente, o sólo con la boca pequeña. a un candidato que veían quemado. Quizás nadie en el PS ni el LR recuerde una campaña tan agitada y tan tormentosa para ambos partidos.

Hablemos de las dos figuras que se disputan la presidencia: Emmanuel Macron y Marine Le Pen. ¿Quién es Macron? ¿Cómo ha construido un movimiento político en torno a él?

Emmanuel Macron es fundamentalmente una persona culta, con mucha ambición política y en este momento con el respaldo de todo el establishment político y mediático. Se hizo conocido públicamente cuando François Hollande lo incorporó como ministro de Economía a su gobierno, tras la dimisión del ministro anterior Arnaud Montebourg (del ala izquierdista del PS, los conocidos como “frondeurs”).

Pero en abril de 2016, Macron deja el ministerio de economía y funda un movimiento político con el nombre de En Marche (EM a partir de ahora) con la intención de concurrir como candidato a las elecciones presidenciales. En un primer momento, EM se constituye fundamentalmente como una plataforma cívica, e incluso llega a imitar la estructura de círculos de Podemos en España. Ahora, aun manteniendo ese cierto espíritu de horizontalidad y de participación, la plataforma se está profesionalizando y están en ella aterrizando cuadros de otras formaciones políticas. En cualquier caso, no cabe duda de que la plataforma de Emmanuel Macron ha logrado enganchar a la política a una parte nada despreciable de los jóvenes franceses.

¿Es EM, el movimiento que lo sostiene, un cambio con respecto a los partidos políticos tradicionales o es un intento del establishment de reconstruir el liderazgo sobre la sociedad francesa gracias a la figura de Macron?

Aún es una incógnita. Veremos qué pasa con la plataforma EM tras las elecciones legislativas de junio de este año: si mantiene una cierta estructura horizontal o si termina siendo cooptada por cuadros provenientes de otras formaciones políticas. En todo caso, a nivel ideológico, el programa de la plataforma es un programa de continuidad con las políticas de François Hollande. El problema de fondo es que, si Macron se convierte finalmente en presidente de la República y logra formar una mayoría parlamentaria en torno a él, pero después continúa una política de recortes o de profundización en la reforma laboral de Myriam El Komhri… ¿hacia dónde irá el descontento? ¿a quién mirarán los franceses enfadados con la política?

Viendo los pésimos resultados del PS: ¿Es factible que su ala socioliberal termine aglutinándose en torno a Macron? ¿Corre riesgo el partido de desaparecer?

No sólo es factible, sino que ya lo está haciendo. Uno de los episodios más sorprendentes de esta campaña electoral fue ver a Manuel Valls (ex primer ministro socialista, rival de Hamon en las primarias del Partido Socialista que se celebraron a finales de enero y cuya enemistad con Macron era manifiesta desde hace tiempo) pidiendo el voto para el candidato de EM. Y lo hizo saltándose el acuerdo al que habían llegado todos los candidatos que concurrieron a las elecciones primarias del PS, a saber: que todos apoyarían sin ambages al ganador de las primarias. Pues bien, Valls no lo hizo y se saltó sus compromisos. ¿Por qué incumplió de manera tan flagrante la palabra dada? En primer lugar, y de manera más mezquina, para salvar su carrera política, y, en segundo lugar, porque sabe que ideológicamente le separa una gran distancia con Benoît Hamon. Y ese es el asunto fundamental: la fractura ideológica. En este momento el PS es un partido dividido en dos partes que se odian entre sí, que mantienen una relación de desconfianza total y cuyo entendimiento en el futuro va a ser difícil. Por eso hay un riesgo claro de escisión. Hay que tener en cuenta que en estos dos últimos meses no sólo han escatimado su apoyo al PS “barones” del partido como Ségolène Royal, Manuel Valls o François Hollande, sino también las propias bases de la formación.

En resumen, el PS francés ha sufrido el sorpasso de La France Insoumise en la primera vuelta de estas elecciones presidenciales. Los acontecimientos de los próximos meses nos dirán si se pasokiza definitivamente o si consigue levantarse de este duro golpe.

¿Y la otra candidata? ¿Quién es Marine Le Pen?

Marine Le Pen, por mucho que le pese, es la hija de su padre; o sea, del fundador del Frente Nacional (a partir de ahora, FN). Y su apellido es, a la vez, marca y estigma. Ahora por primera vez ese apellido le está pesando. Por eso, cuando uno va a un mitin suyo, no ve ninguna referencia ni a su apellido ni tampoco a las siglas del partido. Es simplemente “Marine”.

El FN es un partido con más de cuarenta años de historia, sin embargo, en los últimos años parece estar sufriendo mutaciones y cambios en su estrategia política. ¿Podrías explicarnos cómo ha conseguido convertirse en un actor clave de la política gala?

Es un proceso largo y complejo. Pero lo más relevante es que en los últimos años (especialmente desde que Marine Le Pen accedió a la presidencia en 2011), el partido ha modificado tanto su rol en la esfera pública francesa como el tipo de apelación que hace a los franceses.

Durante los años 80 y 90, Jean-Marie Le Pen se forjó la imagen del enfant terrible de la política francesa a base de comentarios indeseables con doble sentido sobre judíos, homosexuales, comunistas o emigrantes africanos. En ese sentido se parecía más a Donald Trump: aquel cuyo éxito tiene que ver con “decir en alto lo que muchos piensan en bajo”. Disfrutaba de ese papel y lo aceptaba como parte de un combate por la verdad.

Sin embargo, Marine Le Pen comprende que no puede ser presidenta de la República si no logra encarnar antes una forma asumible para la mayoría de los franceses. Por eso emprende una lucha por acaparar el sentido común republicano y modificarlo a su favor. Así es como el FN empieza a ser un partido que se dice laico, demócrata, respetuoso de las libertades civiles, favorable a un Estado fuerte, defensor de las minorías sexuales y de los judíos. Gracias al trabajo de Marine Le Pen y su equipo, el FN logra proponerse como una alternativa republicana que dice defender la cultura política francesa frente a sus enemigos: el mundo de la élite y las finanzas, y el mundo de la inmigración clandestina.

Toda esta operación ha convertido al partido en una fuerza que condiciona enormemente la agenda política francesa y que, en algunos temas, es hegemónica. Eso la hace doblemente peligrosa, puesto que podemos imaginar un escenario en el que, no gobernando el FN, se apliquen sus políticas.

¿Hay un proceso de normalización del FN?

Sí, lo que en Francia se conoce como proceso de “des-diabolización”. Se trata de un proceso que acompaña al anterior que he descrito. Consiste básicamente en ganar credibilidad técnica y gubernamental en los medios de comunicación. Para ello el FN cambia a sus portavoces y empieza a hablar de un modo mucho más solvente, poniendo el acento no tanto en cuestiones culturales o migratorias, sino en cuestiones económicas.

Con este fin, se rodea de personas con una cierta credibilidad en el ámbito de la economía o la administración pública. También citando a economistas de distintas ramas ideológicas, especialmente aquellos que tienen o han tenido algún tipo de relación con la izquierda. El FN sabe que un modo de “des-diabolizarse” es mimetizarse con la izquierda.

¿Es un partido político de extrema derecha al uso?

Depende de lo que definamos como “al uso”. Comparte con otros partidos de extrema derecha europea el componente anti-inmigración y un cierto populismo punitivo. Una valoración de la autoridad y del castigo, y una crítica a lo que denominan el “laxismo” posmoderno, heredero a su juicio de la filosofía de mayo del 68.

Sin embargo, el FN es más estatista que otros partidos de extrema derecha europeos. De algún modo lleva el Welfare chauvinism (propio de algunas formaciones de ultraderecha europea) a su grado máximo. Hasta el punto de que Marine Le Pen ha basado su campaña y su pre-campaña en la defensa de un “Estado estratega y planificador”.

¿Cómo consigue surfear la contradicción entre apostar por un nacionalismo exacerbado y lo mestiza que es la sociedad francesa?

Sorteando la cuestión del racismo y sustituyéndolo por una suerte de “culturalismo”. El discurso oficial del FN ya no establece ningún tipo de criterio basado en la raza o el color de la piel. Ahora lo que les interesa es que, con independencia de dónde hayas nacido, aceptes abandonar tu cultura de origen y adoptar lo que ellos llaman “la cultura francesa”. Es evidentemente una forma de negar el carácter mestizo de las culturas (y su carácter necesariamente contingente y construido), pero a primera vista resulta menos agresivo.

Es una manera de decir: te aceptamos vengas de donde vengas, siempre y cuando estés dispuesto a amoldarte a lo que yo entiendo que es ser francés, que es inamovible e indiscutible.

En la primera vuelta de las elecciones no ha habido una gran sorpresa en torno a los ganadores –las encuestas anunciaban desde hace meses que posiblemente habría una segunda vuelta entre Le Pen y Macron–, sin embargo, el resultado obtenido por la candidatura de La France Insumise con el 19’5% de los votos sí que fue algo novedoso. ¿Qué es lo que explica este resultado?

A mi juicio, el gran acierto de la campaña de Jean-Luc Mélenchon fue incorporar rasgos populistas que le permitían competir de igual a igual con Emmanuel Macron y con Marine Le Pen. Entre ellos subrayaría la disputa por la bandera nacional, hablarle no “al pueblo de izquierdas” sino “al pueblo en general” y tratar de dar voz y participación a sectores muy diversos de la sociedad francesa. También la valentía de incorporar formas participativas y originales de hacer la campaña electoral, como la creación del videojuego FiscalKombat, su propio canal de Youtube o el Mélenphone.

La originalidad de la campaña de Mélenchon y el éxito de sus intervenciones en los debates entre candidatos catapultó su figura al mismo tiempo que hundía la de Benoît Hamon. Así que durante las últimas dos semanas de campaña el voto útil de la izquierda fue a parar, no al PS, sino a La Francia Insumisa. Quizás a Mélenchon le faltaron unos días más de campaña para colarse en la segunda vuelta.

Por otro lado, también: ¿Se está abriendo un espacio político nuevo en Francia? ¿Qué posibilidades tiene de cara a las legislativas de junio?

A pesar de todas las críticas que ha recibido, creo que la estrategia de Jean-Luc Mélenchon de no pronunciarse sobre su voto en la segunda vuelta y de consultar a las bases es una estrategia muy inteligente. Primero porque sigue tratando a sus bases como mayores de edad. Y, en segundo lugar, porque da credibilidad a su proyecto como alternativa a las élites y a la extrema derecha.

Si verdaderamente se quiere socavar el terreno en el que crece la extrema derecha, creo que es la estrategia adecuada. Tiene riesgos, como todo en la vida, pero creo que será una estrategia efectiva en el medio plazo.

Respecto de las elecciones legislativas de junio, van a ser cruciales para hacerse una idea de lo que puede ser la política francesa de los próximos dos años. Tradicionalmente el electorado ha premiado al partido del presidente de la República para impedir las situaciones de cohabitación, tan complicadas dentro de las instituciones de la V República. Es posible que esta vez vuelva a ser así, pero Macron corre el riesgo de verse superado tanto por la derecha de Los Republicanos como por una hipotética alianza entre La France Insoumise y el Partido Socialista.

Una última pregunta, ¿Quién va a ganar el domingo?

Hacer predicciones, tanto para las legislativas como para la segunda vuelta del domingo, es un disparate en estos momentos, pero todas las encuestas señalan a Macron como favorito para convertirse en el próximo presidente de la República francesa. No obstante, Marine Le Pen ha recortado distancias en esta última semana de campaña electoral. Lo normal es que gane Macron, pero nunca (y menos ahora) se puede estar totalmente seguro.

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