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Entrevista a Ignacio Elpidio Domínguez Ruiz

Fuente: Carlos Martínez Toro. Fuente: Carlos Martínez Toro.

Realizada por Julia Zorrilla Ruiz, con la colaboración de Santiago Sabariego Sánchez y Carlos Martínez Toro.

Ignacio Elpidio Domínguez Ruiz, Nacho para los amigos. Es antropólogo y doctorando, centrado en el estudio de la diversidad y en la promoción turística urbana, usando como caso el World Pride en Madrid. Además, recientemente se ha convertido en editor del quinto número mensual de la revista El Dobladillo de Ctxt, dedicado a los 40 años del Orgullo LGTB. Por último, nunca menos importante, es activista y miembro de la Federación Estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales.

Bajo el lema “Ames a quien ames, Madrid te quiere”, durante los próximos días, del 23 de junio al 2 de julio, la capital española acogerá el World Pride 2017, la quinta edición mundial de la celebración del Orgullo LGTB. ¿En qué consiste exactamente esta celebración, qué se celebra y qué va a suponer para una ciudad como Madrid?

Lo cierto es que ese lema es solo de la promoción del ayuntamiento y no es el lema oficial del evento. Es una cuestión que está repitiendo mucha gente y es completamente errónea. El lema oficial del evento como tal es “Viva la vida”, es el que han puesto los organizadores, la Asociación de Empresarios y Profesionales para Gays y Lesbianas de Madrid y su comunidad (AEGAL). ¿Qué es el World Pride? Es una marca, concedida por una organización internacional llamada InterPride, que viene a ser la organización mundial de gente que organiza Orgullos por el mundo. Y tienen una marca que conceden en un proceso competitivo similar al de unos Juegos Olímpicos para celebrar durante un año un conjunto de eventos bajo la misma. Es estrictamente una marca, no un evento. Es decir, hay muchas cosas en Madrid que se unirán bajo ese paraguas, pero el Orgullo mundial no existe, no tiene materialidad física. No hay un permiso que diga “esto es el Orgullo Mundial”. Entonces, se convierte en un paraguas, un nombre, bajo el que se ponen actos que organizan un montón de agentes para cohesionarlo y darle mucha más visibilidad.

En cuanto a qué se celebra en el Orgullo LGTB, se celebra el recuerdo, utilizándose como pretexto el recuerdo de Stonewall, que son los disturbios que hubo a partir del 29 de junio de 1969 en Nueva York, después de unas redadas en un bar de mierda controlado por mafiosos, que no tenía ni agua corriente ni baño, o eso se dice. Se utiliza el recuerdo, pero lo que se celebra sobre todo es la visibilidad de las personas LGTB en tanto que minoría, comunidad o colectivo estigmatizado y perseguido. Con el tiempo, se ha ido convirtiendo en fiesta y manifestación a la vez. Según a quién preguntes te dirá que es una cosa u otra. Aunque había personas, como Pedro Zerolo, que proponían un término híbrido como “manifiesta”, término que a mí me parece bonito. Lo que se celebra no es el orgullo de ser sino el orgullo de aceptarse, que es diferente.

¿Qué va a suponer para Madrid? Que su Orgullo, que lleva muchos años creciendo, desde el 96, de una forma espectacular, sea aún más visible durante este año y siente, seguramente, un precedente, un tope, puesto que va a ser prácticamente imposible que Madrid vuelva a llegar a este nivel. Es decir, tendrían que pasar cosas muy grandes y muy serias como para volver a justificar un Orgullo tan grande como este. Además, va a suponer la llegada de entre dos y tres millones de personas, cifra que varía según a quién se le pregunte. Una cosa es la gente que va a venir a Madrid y otra la gente que irá a la manifestación. Y son cosas diferentes, muy diferentes. Pueden venir dos millones de personas a la ciudad pero a la manifestación ir cuatro o cinco. Depende mucho eso. Para Madrid va a suponer que se llene todo, que se sature el transporte público, pero que se refuerce por ello. Para el ayuntamiento es una ocasión muy buena para visibilizar lo diferente y lo transversal que es.

En los próximos días podemos encontrar por las calles, plazas y en general espacios más emblemáticos de la historia LGTB y de Madrid, desde manifestaciones, conferencias, debates, conciertos, arte, juegos y deportes, hasta el conocido desfile. La celebración del Orgullo es, como dices, la forma en que reivindicación y festividad, manifestación y desfile se aúnan. Sin embargo, ha sido frecuente en años anteriores de celebración del Orgullo, observar cómo medios de comunicación y redes sociales se hacían eco casi en exclusiva del desfile, desde una mirada morbosa y superficial, dejando como inexistente el lado más reivindicativo de la celebración. ¿Por qué no son visibilizadas por igual ambas esferas de la celebración? ¿Qué ofrece el desfile que genera más expectación, más atracción que las manifestaciones?

En primer lugar, legalmente no hay desfile. Legalmente existe la manifestación del Orgullo estatal LGTB en Madrid, puesto que se pide un permiso para una manifestación y todo el papeleo oficial siempre es bajo el nombre “manifestación”. No existe el desfile. Legalmente es muy diferente. Un desfile debe acotar su circuito y requiere pagar numerosos seguros de responsabilidad civil. Un desfile es, por ejemplo, la cabalgata de los reyes. Mientras que una manifestación es abierta, en todo caso, por lo cual puede unirse cualquier persona. En un desfile no. Hay una antropóloga, Begonya Enguix, que lleva diez años trabajando sobre el Orgullo de Madrid y dice que en el estado español los Orgullos siempre son manifestaciones y no desfiles en comparación con otros países del resto de Europa, donde suelen ser desfiles con vallas impidiendo que la gente se una.

Mi primer recuerdo mediático del Orgullo fue en el 2007. Vi en la prensa que era el Europride, el Orgullo europeo en Madrid, la primera vez que se celebraba aquí, y había una carroza con la cantante Gloria Trevi arriba ―cómo gusta Gloria Trevi, cómo gusta y qué famosa es desde su versión de Cámbiame―. Todo hay que decirlo, el desfile es más morboso, se vende mucho mejor. La televisión funciona como funciona. Por ejemplo, después de una agresión homófoba o tránsfoba, que son las que hay en medios, siempre se piden fotos, recursos de manos tocándose, sobándose, gestos de dolor…imágenes morbosas porque al final venden mucho más. No es verdad que lo hagan todos los medios de comunicación. ¿Qué ha pasado? Que depende mucho de aquel del que se trate. Los medios privados hasta este año no habían hecho énfasis en nada más que la fiesta al ser imágenes muy espectaculares; también porque las fechas en las que coincide el Orgullo son fechas en las que empieza a haber poca noticia.

Sin embargo, este año cambia, y mucho, por el World Pride, pero también por lo que este ha supuesto. Por ejemplo, es la primera vez que un medio de televisión público ha firmado un convenio para cubrir el Orgullo. No he encontrado absolutamente nada, y he investigado mucho el Orgullo a nivel académico, que sea similar al convenio que ha firmado Telemadrid con las tres patas del Orgullo, que son la Asociación empresarial AEGAL, la asociación activista madrileña COGAM y la Federación estatal de Lesbianas, Gais, Transexuales y Bisexuales (FELGTB). Telemadrid es el medio oficial del Orgullo. Esto supone que va a cubrir los eventos importantes y los no importantes. Y eso es lo importante. Va a cubrir todas las ruedas de prensa, los debates, la conferencia de Derechos Humanos que hay en la Universidad Autónoma, toda presentación de libro, toda cosa mínima que entre bajo el paraguas del World Pride. Lo gordo, como la manifestación, como es la conferencia, lo hará en directo y el resto grabado, pero lo va a cubrir. Aparte, cederá las imágenes al resto de medios que se las pidan. Con lo cual, sabemos que habrá imagenes buenas, con contenido y de todo. Y no solo imágenes del “desfile”. Por ejemplo, en una rueda de prensa como la de esta mañana, hoy 14 de junio, sobre la programación cultural del Orgullo, han cubierto el acto y han hecho entrevistas a personas implicadas. Ya no solo a la organización si no a actividades pequeñas. Cuando en la programación cultural hay varios festivales bajo el paraguas, hay proyectos en salas pequeñas, en galerías y demás, los medios que han ido hoy, siendo Telemadrid el que más, han entrevistado a gerentes de galerías, de salas de teatro, y no solo a quienes lo organizan. Y eso es un salto cualitativo importantísimo. Luego, claro, sigue habiendo muchos fallos. Yo, por ejemplo, no dejo de enfadarme cuando varios medios entrevistan a personas que hablan abiertamente de Orgullo LGTB, como los que citan a cuentas de Twitter en las que se habla de Orgullo LGTB, pero luego el medio sigue utilizando “Orgullo Gay”. Eso, para mí, es insultante. Ya no solo como activista, como antropólogo también, porque me parece que no se toman en serio las palabras de las personas entrevistadas. Lo veo como si entrevistaran a una asociación feminista y las llamasen “histéricas”, cuando ellas se definen como “movilizadas”. Cuando tú estás entrevistando a alguien y le tomas en serio, el término que utiliza para autodefinirse es importante. Hacer esto a nivel periodístico me parece una basura. Y cuando El Español lleva ya dos años cubriendo el Orgullo de Madrid y sigue utilizando “Orgullo gay” cuando habla con personas que dicen “Orgullo LGTB”, es insultar. Eso es cutre como periodista.

¿Crees que contribuye esta forma de visibilizar el desfile a generar estereotipos? Y de ser así, ¿Qué pasa con quienes forman parte de la comunidad LGTBI y no se sienten representados?

A lo primero, la manifestación no se hace para la gente que la ve por la televisión. Se hace para la gente que asiste. El efecto que va a tener va a ser inequívocamente positivo para quienes vayan y vean la diversidad que tiene la manifestación-desfile, porque ahí habrá diversidad sí o sí. Mientras que quien lo vea por la televisión es probable que solo vea cosa morbosa. Yo siempre pongo el mismo ejemplo. Hace varios de años, después de la manifestación, fui a un Burguer King con amigos. Allí, una familia entre comillas “tradicional”, nuclear, a la que le faltaba el perro porque eran madre, padre, niño y niña, hablaban de lo importante que había sido llevar a sus hijos a la manifestación para que vieran que no se trataba solo de lo que había en la televisión. Y que había familias LGTB, mayores LGTB y muchos de tipos de personas LGTB. La manifestación se hace por esas personas y por las personas LGTB de todo el estado español y de fuera que van a manifestarse y a conocer a más personas. No se hace para la televisión. Porque es una manifestación, no un desfile. Y ese es el punto importante. Si una persona se quiere quedar con la imagen de la “musculoca en tanga” encima de una carroza, que se quede con ella. Pero eso no es lo único que habrá, y aunque se quedase solo con esa imagen, bienvenida sea puesto que hay personas LGTB que son así. Pero no todas.

Luego está el discurso de “no nos representa” que se repite todos los años hasta la saciedad, en blogs y redes. Si a ti no te representa, sí representa a otras personas. Porque tú no eres todo el colectivo LGTB ni tampoco quien está encima de la carroza, pero además es que quien está encima de la carroza no pretende serlo. Una persona que va en una “carroza de osos” en el Orgullo sabe que no representa a todo el colectivo LGTB, sabe que solo representa a ese tipo de personas, a “osos” que son hombres. Eso es lo que importa. A mi me importa más que haya familias como la que me encontré en el burguer que vayan a la manifestación y estén viendo esa diversidad. Eso es maravilloso.

O sea que en última instancia, ¿no crees que resulte contraproducente este tipo de visibilidad que se le da al desfile para la lucha por la igualdad identitaria, sexual y afectiva?

Yo creo que la gente que quiera quedarse con el estereotipo creado a partir de esas imágenes estaba perdida ya antes. No es el target, no es el público objetivo. El público objetivo son las personas que se pasan por la manifestación a ver qué hay o las que van para ver cómo es la diversidad. O aquellas que se acercan a Matadero para algún acto que está en la programación. Se trata de otro público objetivo. Es decir, la manifestación no está hecha para las personas reaccionarias. La manifestación no es solo lo que se ve. El público que se queda solo con lo estereotipado que se visibiliza ya está perdido.

Cada año, con la masificación de la celebración y sobre todo este 2017, donde se esperan más de dos millones de personas por ser la celebración mundial, son más los heterosexuales que acuden a pasarlo bien, a participar de los distintos eventos y a disfrutar de la fiesta. ¿Cómo es acogida por parte del colectivo LGTBI está afluencia? ¿Hasta qué punto esta participación tiene más que ver solo con la festividad que con la esfera reivindicativa en sí? Y ¿no supone un peligro para dicha esfera?

Esa pregunta se hace cada año, como la de las “locas sobre carrozas” y la respuesta es “a lo mejor compensa”. Es decir, la respuesta es que se trata de una estrategia. ¿Por qué? Porque no deja de suponer visibilidad de ciertas cosas para muchas personas. El pensar que a lo mejor si vienen grupos de heterosexuales a, por ejemplo, esta plaza donde nos encontramos, la Plaza del Rey, que en las noches del Orgullo acaba siendo un lugar de mucha música y mucha fiesta, con muchísimas personas heterosexuales, donde la música suele molar, etc., no es nada malo. Si ese grupo de personas va a traer consigo a un par de personas que no son cisheterosexuales, que a lo mejor salen del armario o acaban mejor con su grupo de amistades, es un precio a pagar. Y al menos yo, que soy más reformista que otra cosa, lo veo un precio a pagar muy bueno y que compensa con creces. Por otra parte, es lo mismo que con lo de las familias, puede que “deje de ser un espacio propio solo de personas LGTB”, pero si supone visibilidad de otras cosas, entonces adelante. No creo que peligre la esfera reivindicativa, porque es otro target, otro público más. No es A o B, son las dos cosas, porque compensa al activismo. Cuando el Orgullo madrileño, que era únicamente madrileño, se convierte en estatal, para hacer presión y decir “hay tantos miles de personas apoyándonos”, hace una foto que lo demuestra y dice “hay que aprobar estas cosas”. Se utiliza conscientemente sabiendo que el 100% de las personas que están en las fotos no son activistas. Pero también este debate pasa con otras festividades como San Isidro, o la Paloma, en las que siempre habrá personas diciendo “esto antes era solo religioso, aquí la gente no viene a adorar al santo”. Pero viene a otra cosa. Es un target diferente, ¡que no es A o B, que son las dos!.

Desde que se conocen y se han puesto en marcha las políticas del ayuntamiento madrileño para la preparación del World Pride 2017 han surgido numerosas críticas, sobre todo por parte de usuarios de redes sociales y algunos medios. Muy sonado ha sido el tema de los semáforos “gayfriendly”, aquellos que vienen a representar dos figuras del mismo sexo dándose la mano. Las críticas parten de la destinación de fondos públicos del ayuntamiento para estos usos. Otra propuesta muy criticada, y que finalmente no se ha realizado por razones legislativas, fue la de pintar los pasos de cebra con los colores de la bandera multicolor. ¿No hablan estas críticas y rechazos a las medidas del Orgullo más de una homofobia latente, que a todo el mundo escuece reconocer, que de una preocupación económica? Al fin y al cabo, las estimaciones de beneficios económicos que se esperan tras esa semana para la comunidad madrileña son muy, muy altas.

Claro, por poner primero números y luego me explico de manera más cualitativa. Lo de los semáforos han sido unos veinte mil euros. En comparación con lo que cuesta limpiar la basura que deja la gente en torno al Bernabéu o en torno al Calderón o, por otras concentraciones en espacios públicos, es muy poquito. Parece mucho, evidentemente, si lo comparas con la situación de precariedad de muchas personas, pero es dinero de un ayuntamiento. La propuesta de los pasos de peatones se iba a hacer, pero no se sabe bien porque otros años ha sido legal en distintos ayuntamientos de la Comunidad de Madrid y este año en Madrid no. Siempre hay una distinta vara de medir con algunos ayuntamientos. Yo sí creo que hay una homofobia latente tras esos argumentos, porque siempre son argumentos a los que si respondes con un “vale, pero es que limpiar lo del Bernabeu, que no es una vez al año sino una vez al mes o lo que sea, es mucho mas”, te van a responder diciéndote que no vayas por ahí. Cuando se les confronta con datos y la respuesta es esa, ya están reconociendo que el argumento no es el dinero. La comparación no es cuantitativa, los números son la excusa. Se trata, en realidad, de una cuestión cualitativa.

Por otro lado, está el efecto que tienen estas medidas. Los semáforos son uno de los dos legados permanentes que va a tener este Orgullo Mundial en la ciudad por parte del ayuntamiento. El otro es un bosque que se va a crear para compensar los efectos medioambientales del Orgullo. Será un bosque de varias hectáreas, con sauces y fresnos, en una zona que es un secarral ahora mismo. Eso, no conozco a nadie que pueda criticarlo, porque es una iniciativa para compensar medioambientalmente todo acto en espacio público, toda fiesta y concierto. ¿Los semáforos son importantes? Sí. Principal crítica que hago a las críticas: los semáforos representan a parejas de dos hombres, a parejas de dos mujeres, a parejas de hombre y mujer y a mujeres solas. Solo que muchos medios han afirmado que los heterosexuales no están. Pero sí, hay una pareja de hombre y mujer. Que también pueden ser bisexuales, ahí está la diversidad. ¿Por qué es importante? Hay una reflexión feminista de siempre: “Lo que no se nombra, no existe, lo que no se visibiliza, no existe”. Van a tener un efecto bonito, para empezar por la gente que se hará un selfie durante los días del Orgullo, y los meses y años siguientes que queden, y se va sentir bien con esta ciudad. Eso es algo con lo que ya cuenta el ayuntamiento.

¿Cuál es, pues, la importancia de ocupar el espacio público con simbología LGTBI?

Hacerlo público. Hay un estudio de la ciudad de Madrid llevado a cabo por un grupo de Izquierda Unida de hace varias legislaturas sobre el callejero, sobre los nombres de calles destinados a personas, a santos y a virgenes. Y dentro de las personas reales, cuántos son hombres y cuántos mujeres; para hacer luego propuestas. La ciudad no es pública en ese sentido, porque no representa si quiera por estadística. ¿Cual es la importancia de esto?

Es la lógica que hay detrás de cambiar nombres de espacios públicos y de cambiar monumentos para hacerlos públicos. La ciudad se convierte en pública si representa a toda su población de una manera u otra. Y en Madrid, en concreto, las personas LGTB, no han estado representadas hasta hace poquito. Había espacios y cosas dedicadas a personas LGTB, pero no en tanto que personas LGTB, hasta muy recientemente, sino más bien a su parte pública. Sobre todo personas dedicadas al mundo del arte, del siglo XX. Acudo a la típica comparación entre dos artistas. Cuando una de esas personas es heterosexual se habla de su obra, su producción y también de su vida personal; pero cuando se habla de alguien no heterosexual, no se menciona su vida personal, porque no resulta importante para su obra. Por ejemplo, el caso de dos premios Nobel: Jacinto Benavente y Camilo José Cela. La vida de Camilo José Cela siempre sale, en cambio la de Jacinto Benavente nunca, y eso que es el único Nobel maricón que ha tenido este país. Tiene un soneto, importante, que en resumen dice “¿por qué no quieres llamarlo amor cuando es amor?”. Yo diría que hasta que no se pone un crespón rojo encima de un parking en la plaza Vázquez de Mella a Pedro Zerolo no se convierte en espacio público por algo mínimamente LGTB, y fue por VIH, algo que no es específicamente LGTB.

He usado antes el término “gayfriendly”, empleado por diversas instituciones, empresas o particulares, para demostrar afinidad hacia el colectivo LGTBI, a conciencia. El uso del término “gay” para referirse en realidad al colectivo LGTBI es frecuente, como cuando se habla de fiesta del Orgullo Gay. ¿Es verdaderamente inclusivo este concepto para la realidad que se supone acoge? ¿No afecta este lenguaje a la visibilidad de otros colectivos? Incluso, ¿miembros del colectivo se sienten identificados cuando alguien habla de gay?

En esto es importante la dimensión histórica porque hoy en día, 2017, gay no incluye a nadie más que a hombres gays, mientras que en los 90’ por ejemplo, sobre todo para quienes tenían contacto con el mundo anglosajón, sí podía usarse gay para referirse a lesbiana. La histórica librera, escritora y activista, Mili Hernández, creadora de la librería Berkana, que presidió y tuvo cargos en COGAM y FELGTB, sigue utilizando a día de hoy gay para referirse a gay y lesbiana porque se crió en el activismo en Nueva York. Y es verdad que en inglés “gay” se utilizaba antes para referirse a ambos. Hoy en día ya no se usa y la lucha por dejar de decir “gay” y decir “gay y lesbiana”, y luego “lesbiana y gay” – puesto que el orden luego cambió – , fue de personas como Beatriz Gimeno, hoy diputada autonómica por Podemos, que decía cuando estaba en COGAM y luego en FELGTB que: “Si no nombras lesbiana, no existimos, así que nombradlo siempre”. Y lo mismo se puede decir de bi, trans, inter y de muchas más, porque siempre habrá más letras que poner, poco a poco, hasta que nos inventemos alguna que sea tan inclusiva por abstracta. De modo que “gay” no incluye más que a hombres. Esto no es casual, ya que hay gente a la que le interesan solo los hombres, como por ejemplo, cuando se monta desde hace siete años la sección “gayfriendly” de la feria de turismo internacional de Madrid, FITUR. La sección no se llama FITUR LGTB, sino FITUR GAY “LGBT”, las prioridades están claras. Porque si miras estadísticas, lo más probable es que entre una persona gay, a una lesbiana, a una bi y a una transexual, quien más dinero tenga por probabilidad será el gay. Va a ser un mercado mucho más interesante si tú buscas eso. Lo monta una persona que abiertamente te dice, tanto en su web como en publicaciones, “no nos interesan las lesbianas porque por la brecha salarial ellas van a tener a priori menos dinero”. Hay gente que es muy sincera sobre por qué dice gay y luego hay otras personas que son cobardes y no lo dicen. Y pretenden que con ese término, gay, ya todo el mundo esté incluido.

Hoy en día nadie dentro del activismo lo asume como inclusivo. Y dentro de la política cada vez más porque ha calado el discurso. Beatriz Gimeno, dijo una vez que la FELGTB es una máquina imparable de crear hegemonía. A lo mejor no manda, pero sus decisiones en cuanto a discurso calan. Por ejemplo, que en el estado español digamos LGTB y no GLBT se debe generalmente a cómo la FELGTB incluyó las siglas. El hecho de que digamos “lesbianas y gays” y no “gays y lesbianas” como en otros sitios se debe a que las decisiones de conceptos, de términos y órdenes de la FELGTB han ido calando. Han ido calando en política, por ejemplo. Todavía no ha calado lo de la “I” en FELGTB, pero lo hará en algún momento. De modo que casi nadie usa el “gayfriendly”. Por ejemplo, en los últimos tiempos en política solo lo ha usado, que yo sepa, Ciudadanos en algunos contextos, como en la Asamblea de Madrid que aprobó la definición de la comunidad de Madrid como región “gayfriendly” para el World Pride, mientras que había otras personas que preferían la definición de una comunidad “respetuosa con la LGTB o con la diversidad sexual y de género” porque “gayfriendly” para empezar es un término que no gusta.

Del mismo modo que he usado “gayfriendly” a conciencia, también he estado obviando una sigla que parece no están tan presente como las demás, me estoy refiriendo a la Q del movimiento Queer. ¿A qué se debe esa ausencia en la denominación de tantos de los colectivos que trabajan por la aceptación y la diversidad?

Es una cuestión histórica. A principios de los 90’ se separan los activismos que hoy llamamos “LGTB” y los que llamamos “queer”, aunque hoy en día han tenido cierta hibridación, porque quieren cosas a priori diferentes. No digo que sean mejores o peores pero sí cosas diferentes. Una identidad y una teoría queer a partir de la teoría queer busca la deconstrucción de etiquetas y binarismos, etc., mientras que el activismo LGTBI, desde los 90’ cuando se convierte en un activismo que provee de servicios y que se institucionaliza, lo que busca son derechos para unas etiquetas. De modo que utilizan de manera estratégica dichas etiquetas. Hay un concepto maravilloso para explicar esto, “esencialismo estratégico”, que implica asumir que las etiquetas LGTB o cualquier otra no son esencialistas en cuanto a que no son de nacimiento, no son inamovibles, pero se le da un uso estratégico en esa dirección. Mientras que el activismo queer es mucho más de destruirlo completamente, de tirar la casa por la ventana y de romper. Entonces, a priori, a la hora de conseguir leyes, el activismo queer dificulta las cosas y el LGTB las facilita. Es mucho más fácil aprobar algo contra la discriminación de un colectivo que aprobar discriminaciones contra un concepto abstracto. El hecho de que el activismo LGTB se institucionalice y se acerque a las inmediaciones públicas de todas las escalas hacen que sea fácil tirar de las etiquetas. En tiempos recientes, con conquistas a partir de lo LGTB, el activismo Queer en mi opinión lo tiene más fácil y poco a poco se van hibridando y tienen cosas en común. Por ejemplo, el activismo LGTB actual, conseguidas ciertas cosas desde la vía legal se está empezando a acercar un poquito a premisas de lo Queer y a conceptos cada vez más abiertos como: diversidad sexual, de género y romántica, que no parten de etiquetas sino de una diversidad. En vez de ser cajones estancos, sería un continuo precioso. No pensemos en colores separados y diferentes, como seis pinceladas diferentes, sino como un intervalo en el que se juntan. También por algo los colores de la bandera están puestos así, puesto que se vincula uno al que tiene cerca en cuanto a familia cromática. Esa es la idea.

Pero es también una cuestión política, porque gran parte del activismo queer en el estado español y sobre todo en el madrileño se emancipa del que hoy es LGTB a principios de los 90’ y acaban llevandose muy mal, también por cuestiones personales. Dos ejemplos: el madrileño es claro y que además es muy importante porque hay exposiciones de arte en este World Pride centrado en el activismos de los 90’. Son la Radical Gai, con i latina, que es importante escribir gai con i latina en el contexto español, y la LSD, que es sobretodo un grupo de lesbianas y mujeres bisexuales que cada vez que hacían algo cambiaban sus siglas. Generalmente se les acepta como Lesbianas Sin Duda. Se emancipan de la COGAM en torno a los años 91-94 y empiezan a hacer un activismo muy diferente, más de manifestación y menos de proveer condones, de dar formación, de acercarse a las administraciones públicas. Ese activismo murió y dejo de hacer cosas. La gente implicada se pasó mucho al mundo académico y universitario y han acabado haciendo hoy exposiciones, por ejemplo, al hilo del World Pride. Han vuelto a tener contacto con antiguos compañeros y compañeras, a través de las administraciones públicas. Es una cuestión política pero también personal. Historias de relaciones personales desde hace años.

Este año editas el quinto número de El Dobladillo, la revista en papel mensual y para suscriptores de ctxt, que ofrece un especial enteramente dedicado al World Pride y a los 40 años de Orgullo en España, y que verá la luz en apenas dos días. ¿En qué va a consistir?

Bien, porque yo quería hablar de mi libro (se ríe). He escrito varias veces para el medio ctxt Contexto y Acción y siempre sobre temas LGTB. Se propuso la idea de que un medio de comunicación llevase para el ayuntamiento un número especial en papel, sobre el World Pride, sobre todo a nivel de programación cultural. Ctxt se presentó y me propuso si quería hacerlo. Parecía que no iba a salir, porque esta propuesta se hizo hace varios meses, pero al final sí ha salido. Ha quedado como un número en papel, siguiendo el mismo esquema que los cuatro números anteriores. El formato es un A4 que se convierte en un A1 desplegándolo, de ahí que se llame “El Dobladillo”. Y va a tener sobre todo textos sobre la historia LGTB, la manifestación, una infografía con el recorrido de la manifestación y una parte de agenda cultural, así como artículos sobre flamenco y homosexualidad, sobre una obra de teatro que trata de los últimos días de Lorca, titulada Los amores oscuros, un artículo de una antropóloga y diseño, mucho diseño, muy bonito todo. E iba a decir: ¡compradlo! Pero es gratis, así que simplemente es ¡cogedlo!.

el dobladillo

Fuente: Ignacio Elpidio Domínguez Ruiz.

Acerca de Julia Zorrilla Ruiz (3 Artículos)
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